¿Qué mujeres? ¿Quienes haciendo con quiénes? Para ir terminando, otra vez, con la ilusión del origen. - Federico Urman

TRABAJOS LIBRES


¿Qué mujeres? ¿Quiénes haciendo con quiénes?
Para ir terminando, otra vez, con la ilusión del origen.

Federico R. Urman
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... la diferencia, lejos de ser origen 
olvidado y recubierto, es esta
dispersión que somos y que hacemos.

M. Foucault.


                                              
Los acontecimientos socioeconómicos actuales, como discurso epocal, marcan nuestra subjetividad. Advertimos estos efectos en los conflictos y problemáticas de nuestros pacientes. La lectura de las descripciones de A. Gesell-y aún los dibujos que ilustraban el texto original - acerca de las conductas esperables evolutivamente en un niño o adolescente despiertan una mirada sorprendida, tierna y eventualmente compasiva, afín a la que reciben los padres de los hijos adolescentes, de parte de éstos, cuando exponen sus criterios basados en experiencias personales de esa época y aún posteriores. El concepto de obsolescencia, que P. Gutton (1991) introduce en su análisis acerca de cómo los padres son evaluados en esta etapa, resulta necesaria para reflexionar sobre la necesidad de volver a considerar conclusiones que evidencian el carácter perecedero de teorizaciones que parecían inamovibles. J. Puget habla de derribar estas paredes conceptuales para ampliar los espacios en los que las problemáticas puedan, otra vez, co-pensarse. Ai WeiWei comentaba, en una entrevista, que su gato era más inteligente que los dirigentes del Partido, pues sabía abrir puertas, pero no cerrarlas. Me gustaría presentar y sostener, en mi trabajo, una sabiduría análoga.

La cuestión del género, que se situaba con una ilusoria y naturalizada comodidad, en el binarismo opositivo cultural masculino-femenino, está siendo interrogado actualmente en lo social, en lo familiar y en el mundo interno de muchos pacientes. Veremos cómo, en el material de pacientes adolescentes, se exploran, como categorías no fijas diferencias sexuales no opositivas. Y advertimos entonces que, desde el punto de vista emocional, la sexualidad genital humana no se funda desde las inscripciones genéticas ni se origina a partir de imposiciones culturales, sino que se va estableciendo, desde los vínculos, y deviene por senderos inciertos. Entonces: ni determinación biológica ni implantación exógena, construcción desde un entre productivo, Este irse sexuando con otro (s) es un devenir coyuntural (en inmanencia) y singularizante (F. Urman, 2018 a), por lo que se aleja de las propuestas estructuralistas, atemporales y universales.

El cuerpo, el nombre, un lugar en el sistema de parentesco, ciertos consumos y preferencias que sugieren una ubicación socialmente clasificable, una actividad laboral o profesional, suelen emplearse para ser reconocidos o como bases garantizables y anticipables desde donde un sujeto se da a conocer. S. Freud, en una ocasión, hablaba humorísticamente de los militares como el tipo de individuos que tienen el currículum indicado sobre sus hombros. Pero esta perspectiva estructural-identitaria, que, desde la lógica del Uno, reclama ser la hegemónica y aspira a reinar “por defecto”, es ostensiblemente excedida por ciertas realidades culturales y clínicas. Realidades que muestran lo ilusorio de estas definiciones que, de un modo sólido, coherente, consistente y completo, serían capaces de explicarlo todo o de llegar a realizar, en un futuro no lejano, esa promesa. Realidades que invitan a explorar otra lógica más abarcativa, la del Dos, capaz de incluir las diferencias, las otredades y las complejas multiplicidades que pueden leerse en los vínculos y sus efectos.

La vida sexual humana puede explorarse con ambas lógicas, por sus complejidades, diversidades y múltiples perspectivas; de este modo se presenta en nuestra clínica, con sus problemáticas y sus conflictos. Aquí, como línea de trabajo reflexiva, me intereso por los aspectos novedosos que irrumpen cuando ciertos hijos y sus padres son perturbados y conmovidos por la problemática del transgénero. Con “transgénero” aludo a una reciente tipificación psicosocial que produce una categoría inédita para dar cuenta de una autopercepción particular del género, que no coincide con el sexo asignado al nacer, que se plantea a partir de la infancia o de la adolescencia.

Los padres, la sociedad y aún el hijo, procuran, por razones prácticas, por necesidades inmediatas y deseos, una identidad y una pertenencia social ilusoriamente inmutable que, por semejanza y complementariedad, les permita sentirse integrando, incluidos, en una comunidad. De este modo el hijo ordena sus vivencias, reduciendo lo inesperado, y lo novedoso queda controlado o neutralizado. El yo se tranquiliza y reasegura con estas nuevas reglas de intercambio y diálogo que, tras explicar lo confuso, promete una integración armónica. Advierte, de este modo, la utilidad en familiarizarse con lo otro de uno mismo (y del otro) que desconcierta, en asimilarlo (asemejarlo). Las instituciones específicas instituidas (e instituyentes) proveen estadísticas que respaldan y autorizan, y la sociedad produce figuras ficcionales en las que todos puedan sentirse empáticamente reflejados y, a la vez, consumir un producto que el mercado ofrece para calmar ansiedades.

Recordemos también que estas realidades diferentes desacralizan impolíticamente el binarismo masculino-femenino, exponen su incompletud y la presencia de lo desconocido.  Algo tiene que hacer, toda la familia- cuya dinámica ha quedado afectada- con los desacuerdos que la sexualización del hijo instala. Estas molestias, generadas desde el entre vincular, pueden estimular aportes creativos que enriquezcan la subjetividad de los sujetos vinculados.

Veamos un material, que en una ocasión presentara una colega latinoamericana, acerca de una adolescente que plantea el ir decidiendo sobre su cuerpo y sexualidad.

“Me encontré, el primer día de clases, con grupos de chicos y chicas, que, como yo, charlaban mientras esperábamos que sonara el timbre que anuncia el comienzo. Mucha gente, incluso alumnos nuevos. Me di cuenta de que había un chico que me gustaba y también una chica que me gustaba. Para mi sorpresa se acerca un chico que no conocía, que había estado hablando con otros del grupo de primero, y viendo mi ropa y peinado, y a pesar de ser una desconocida de segundo, me encaró y preguntó: “¿Sos un chico o una chica? “. Yo le dije que me gustaba que me vieran como un chico. Y agregó: “Pero ¿te gustan las chicas o los chicos? “Le dije que no sabía.”

Esta adolescente muestra cómo, con sus pares, va configurando el sentirse habitando sus errancias, sus contactos, sus encuentros. Para ello necesita verse aceptada y participar de un diálogo subjetivante, capaz de apartar prejuicios propios y ajenos. Prejuicios alentados y exigidos culturalmente para ofrecer, desde una individualización compulsiva, una imagen corporal “vendedora” y pronta a “…ofrecer intervenciones correctivas para problemas técnicamente definidos” (P. Sibilia,2010).

En las situaciones analíticas me interesa ser interpelado como un compañero de ruta, cercano y acercable. como un acompañante que “zafe” dispuesto a dejarse llevar por un diálogo verbal, épico o lúdico. En ese navegar reflexivo, verme situado como interlocutor. El atravesar crisis vitales e identitarias tipifican al adolescente como etapa evolutiva. Tiene que convivir con momentos de desconcierto y con los tiempos elaborativos necesarios para ir significando sus experiencias. Esos sentimientos tienen que ser captados, reconocidos y aceptados por el propio joven y por los otros sujetos con quienes se vincule. En mi estilo de trabajo me siento dispuesto a reconocer que, como un modo de empezar, el desconcierto es mutuo, como los interrogantes y enigmas que aporta. Como ilustración de este camino conjunto que “se hace al andar”, recuerdo un tramo de la primera entrevista que tuve con Lorena, una adolescente mencionada en el trabajo citado (Urman, F.,2018 a), que presentaba una problemática de género y síntomas neuróticos.

Terapeuta: En cuanto al trato, para mí, si me tuteás, como hasta ahora, está bien. Y si te sentís más cómoda diciéndome de “usted”, eso también está bien. Y aún si me decís “doctor”, es distinto, pero lo voy a aceptar también. Y a vos, ¿cómo te gustaría que te llame? 

Paciente: Por mí llamame como te vaya saliendo.

Esta posibilidad de dialogar e irnos conociendo, desde otredades y ajenidades que incomodan, sorprenden y estimulan, me parecía alentador en relación con la labor que nos esperaba.  Buscábamos situar un ir siendo conocidos-reconocidos-desconocidos, presentados y representados, situar algo que, finalmente, estaba destinado a ser construido, inventado, en cada momento pues cada apropiación no puede ser sino conjetural e incierta.

No era el tema del tuteo la problemática más movilizante. Pues “…los usos del lenguaje nos sitúan, en relación con el sustantivo, uno de los primeros terrenos en los que la problemática de género tendría que ir siendo establecida o debiera recibir una asignación. Siguiendo las significaciones que establecía desde mis percepciones y preconceptos, la trataba a Lorena como del género femenino.” (Urman, F. 2018 a). Luego, al modo de las expresiones del paciente, utilicé un ambiguo “chabón”, y sólo hacia el final del breve tratamiento (quedó interrumpido) me había aventurado a verlo como un adolescente. Es interesante comparar mis tiempos de elaboración con los suyos. Me reveló, en su anteúltima sesión, que, durante meses, mientras salió con X, que estaba en su misma situación, se hacía llamar Axel, “un chabón que al ver su situación quería transformar su género”, pero que ahora quería ser reconocido como Andy, “uno que se asume directamente como hombre”. Es decir, más allá del sexo asignado, se percibió como un ser andrógino en transición para luego tratar de afianzar una propuesta masculina. Este relato no supone el cumplimiento de una serie preconfigurada que ahora descubría en el análisis, sino una historia (mítica) construida en la situación presente, que inventa, retrospectivamente, sus etapas previas. Nos equivocamos si creemos que sólo Lorena, por su desconcierto y confusión, ante lo inasible e inexplicable de su inestable situación sexual, está conminada a tener que, en alguna dirección, resolverla. Todos nosotros, cada vez que nos animamos a sorprendernos y conmovernos en contactos equivalentes, tenemos que seguir haciendo, en esto, con otro(s). Para hacernos responsables de nuestra singularidad.

La ilustración clínica, en este texto, es muy acotada. No necesitamos que J.J. Saer nos recuerde que las descripciones son interminables y que, como en los análisis, en algún momento cesan por razones prácticas.

B. Preciado reconoce que los lugares de género son planteados desde criterios normativos y administrativos disciplinarios. Propone prescindir de los controles del neoliberalismo y situar la sexualidad en acuerdos colectivos.

Las acotadas posibilidades del lenguaje convencional quedan desbordadas por la constelación de posibilidades sexuales que han proliferado y ya no da cuenta de lo que acontece socialmente. Y expresa, a la vez, en su intento de dar “brillo y esplendor” a la realidad nominada, la crisis de la tendencia al asemejar desde una hegemonía patriarcal. El debate parlamentario muestra ineludiblemente el poder de grupos oligárquicos. El discurso verbal y escrito testimonia qué interrogantes pueden abrirse hacia algunos términos consensuados y consagrados, ante la necesidad de alojar nuevos sentidos. Recientemente, el “todes” como imposición de un sustantivo colectivo para incluir experiencias y percepciones que no tienen palabras designadas. Como planteara recientemente J. Puget (2018), como instrumento de comunicación, el lenguaje oscila entre la unificación y la diversificación.

Esto me lleva al tema de la incertidumbre. No en su sentido convencional, el que le damos en nuestra “psicopatología de la vida cotidiana”, sino al alcance conceptual que le da J. Puget. No tomarlo como un evento impredecible basado en cierto grado de desconocimiento por falta de información o de datos o por no contar con razones concluyentes, que impiden una conclusión verdadera y completa. Careciendo de certeza una decisión debe tomarse en un clima de dudas e inseguridad, y supone un riesgo. J. Puget (2014) habla de un principio de incertidumbre como un principio regulador de la subjetivación vincular, basado en la lógica de los sistemas complejos; nos lleva a hacer lugar a lo inesperado, a lo imprevisible, a lo que acontece por azar alterando causaciones lineales y anticipables.

Es lo que estimula la creatividad, pero es también fuente de temores. Como plantea J. Puget, lo incierto crea personajes y situaciones para figurar lo amenazante de una apertura que puede ser vivida como desapropiación siniestra, en tanto amenaza identitaria. En algunas parejas ese otro amenazante se figura como el amante, real o potencial, comprobable o imaginario (Urman, F. 2018 b). En muchos adolescentes toma la forma de un cuerpo percibido como extraño o enemigo, que debe ser controlado, transformado o apartado(exiliado). En ambas situaciones se trata del qué hacer con las imposiciones que afectan las elecciones del sujeto y del probar qué nuevos vínculos subjetivantes podrían instituirse.

No me interesa tanto militar por las expresiones como “sujetxs” sino en abrir incógnitas, interrogar “x” hacia correntadas impredecibles.



Bibliografía

  • Gutton, P. (1991) Lo puberal. Paidós, Buenos Aires, 1993.
  • Puget, J. (2014). El principio de incertidumbre.Cap.4 de Subjetivación discontinua y psicoanálisis. Lugar, Buenos Aires,2015.
  • Puget, J. (2018) Las diferencias babélicas. Presentado en el Departamento de Familia y Pareja, APDEBA, Buenos Aires, abril 2018.
  • Sibilia, P. (2010). ¿Cómo ser un cuerpo contemporáneo? Cuadernos del inadi,2, Buenos Aires, 2010.
  • Urman, F. (2018 a) Irse sexualizando en la adolescencia. Problemática de género: corte y confección.
  • Urman, F. (2018 b) Infidelidades.



Descriptores: Adolescencia. Psicoanálisis de adolescentes. Situación analítica. Subjetivación. 



Resumen

Lo femenino, y la sexualidad humana en general, puede ser explorada desde la lógica del Uno (estructural-identitaria) o desde la más abarcativa lógica del Dos (acontecimental-situacional). Reflexiono sobre los aspectos novedosos que aportan a la subjetivación la irrupción, desde los hijos, de una problemática transgénero, que altera la dinámica familiar. Resalto la importancia del diálogo a partir de los desacuerdos y las diferencias. Incluyo dos acotadas viñetas clínicas.






                                         
CONTRIBUCIONES


La voz de lo femenino
Nora Barugel

-     ¡Calladita sos más mona!


Lo femenino transita desde la diferencia, diferencia de los géneros, de las sexualidades. Pero, debemos agregar, de una diferencia en muchas ocasiones invadida por la desigualdad. El diferente, el otro, sabemos, suele ser un otro sojuzgado, marginado, colonizado. Y en esa situación se ve en general incluida lo femenino.

De lo femenino, me voy a referir a su voz. Esta voz también circula desde esa diferencia y ese sojuzgamiento. Es en función de éste, que la voz femenina asume muchas de sus características. Por ejemplo. A esa voz solemos pensarla desde un aspecto: el de su silenciamiento. Pero resulta que, aún silenciada, la voz femenina existe. Y, a esa voz femenina que aún silenciada, existe ¿cómo podríamos caracterizarla? Podemos pensar que la voz de lo femenino es una voz que habla ante la censura. Y que, para lograr sortearla, lo femenino habla a la manera lo que en psicoanálisis llamamos el lenguaje del sueño. Lo femenino habla desde los intersticios que deja, inadvertida, como en el sueño, la acción de la instancia de la censura. Desde esos intersticios se hace paso. Habla entonces como hablaba la paciente del Sueño de los Servicios de Amor que Freud menciona en La Interpretación de los Sueños y en la 9a de las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis: una señora mayor ofrece a los miembros del ejército dentro de un hospital militar, sus ‘servicios de amor’. O sea, la soñante está dispuesta a ofrecer su persona para la “satisfacción de las necesidades de amor del personal militar”. Y sin embargo, ahí donde la trama haría explícita esa intención, “hallamos un murmullo no nítido”. El sueño, lleno de detalles, muestra lagunas y vacíos en los diálogos, justo en aquellas partes más chocantes, y es justamente ese carácter chocante, el motivo de su sofocación. Se sofoca el contenido chocante y se lo hace inaudible. Es así que Freud señala que “dondequiera que haya lagunas dentro del sueño manifiesto, la censura onírica es la culpable”.

En La Interpretación de los Sueños, Freud dice que quiere buscar en la vida social el equivalente a eso que ocurre en la vida psíquica interior, una desfiguración semejante de un acto psíquico. Lo encuentra sólo allí donde se trata de dos personas, de las que una posee cierto poder y la otra tiene que andarse con tiento por causa de ese poder.   Esta última desfigura entonces sus actos. No en vano, en consonancia con esos pasajes, Freud se explaya acerca de un tipo de censura en particular: la censura política, en donde justamente se reprueba aquello que es más chocante, dice, para los poderosos. Si el sujeto las expresa sin disimulo, el déspota suprimirá esas manifestaciones. “Tomen cualquier periódico político y hallarán que en ciertos lugares el texto ha sido suprimido y en su reemplazo resplandece la blancura del papel. Uds. saben que es obra de la censura de prensa. En esos lugares que quedaron vacíos había algo desagradable para el alto comité de censura, y por eso lo extirpó.” Otras veces la censura no opera sobre las frases ya listas, sino que atempera, ejerce alusiones, circunloquios y oscuridades de expresión. Es así cómo se lograba hablar en la época de la dictadura argentina en revistas como El Grillo de Papel, en El Escarabajo de Oro. Pero también desde los intersticios, en medio de la consigna “El silencio es salud”, mediante ese subterfugio se incitaba al acallamiento en la época previa a la dictadura militar, cuando en un cartel se mostraba a una mujer que con su dedo hacía el gesto de clausurar sus labios. ¡Qué lejos del famoso cartel de la Unión Soviética, el de la mujer que enmarcando su boca dice a viva voz su mensaje!

Y cuando de cerrar los labios se trata, sabemos de los tres monos “sabios”: no veo, no oigo y… no hablo. Solo que esa imagen no expresa algo tan “sabio”. Nos muestra la acción de la censura, aquella que contribuye al silenciamiento de la mujer. Y hay algo trágico en esa imagen, puesto que en ella se halla además expresada la siniestra realidad final: yo ejerzo, en un acto fatal de autocensura, la máxima atrocidad: me auto callo, yo misma me tapo la boca. Pero aquella que obedece el mandato de taparse la boca - calladita sos más mona -  logra hablar desde entre los intersticios de sus dedos entreabiertos. Balbucea, borbotonea, burbujea, murmulla, susurra, emite algo que se asemeja a una voz. Esa es la voz de lo femenino. Ante esta operación de lenguaje, la voz femenina se presenta desfigurada, y gracias a esta disposición la asfixia de la mujer encuentra una salida.

Pero va habiendo en la sociedad algo diferente. Resulta que muchas de las pibas de hoy ya no hablan desde los intersticios que dejan los dedos entreabiertos. Corren las manos de la boca, y hablan con una expresión más cercana a un habla plena. Lo femenino balbuceante se transforma y da lugar a la palabra. La voz llega en ese caso desde un lugar particular, lo femenino comunitario, que al buscar hacerse entender con los demás y junto con los demás, establecer puentes, se permite emitir la voz, hablar, conversar, charlar, parlotear, parlamentar con los otros, hacerle un lugar a la voz femenina en un concierto de voces.

Y a esta altura podemos decir además que sí, que somos diferentes, pero ya lo femenino y lo masculino dejan de ser meras dualidades. En esa diferencia vemos que todo fluye. A partir de la aparición de una sufriente, inquietante y feliz tolerancia a lo incierto, a lo desconocido, algo fluye. Aparece lo femenino y lo masculino ya no tanto desde la mirada de una partición binaria que favorece un posicionamiento hegemónico, sino desde un entre, un “y”, desde una bulliciosa, escandalosa, fluidez. 



Dra. Nora Barugel. 
Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. 






CONTRIBUCIONES

La segregación. El goce estructural “Del almor”
Elsa Labos


“Las palabras han matado a las imágenes. El hecho es que las palabras no dicen nada. No hay palabras para la experiencia más profunda. Cuanto más trato de explicarme a mí mismo, menos me entiendo. Está claro que no todo es indecible con palabras; solo la verdad viva.”
                                                                                            Eugéne Ionesco 
                                                                                                                            
“La lengua del Edén era como el cristal translúcido. Palabras y objetos se engranaban perfectamente. Cada nombre y cada frase constituían una ecuación estrictamente definida entre los hechos y la percepción humana. Babel fue como una segunda caída. Nuestro discurso se interpone entre la percepción y la verdad como un vidrio polvoriento o un espejo deformado.                           
                                                                                      George Steiner 

                                      Ella es el abismo del presente, el tiempo sin presente con el cual ninguna relación tengo, Aquello hacia lo cual no puedo arrojarme, porque en ella yo no muero, solo burlado del poder de morir, en ella muere se, No cesa ni acaba de morir.
Maurice Blanchot


Una cuestión acerca de Lo femenino.
Cabe la pregunta bajo que acepción podríamos desarrolar nuestras ideas ya que el pronombre lo, implica una neutralidad que podría ser sumamente abarcativa. Podríamos vincularlo a temas:  lo sociales, lo políticos, lo científico y aún con cierto esfuerzo, lo literarios.

En ese sentido ‘Lo’ puede acompañar a un adjetivo en género masculino o femenino.

De modo tal, que solo lo tomaré el vértice que cierne los fundamentos estrictamente psicoanalíticos y que conciernen a la estructura del inconsciente como tal.

Con este objetivo mencionaré algunas citas de S.Freud y J.Lacan como referentes teóricos que a mi entender, ilustran certeramente la problemática de este Simposio : “El fantasma de Don Juan de allí que sea un fantasma femenino es el anhelo en la mujer de una imagen que juega su función, función fantasmática; hay un hombre que lo tiene primero, lo cual evidentemente, dada la experiencia, es un claro desconocimiento de la realidad; pero todavía mucho más: él lo tiene siempre, no puede perderlo. Esto no quiere decir nada más que lo que acabo de sostener: que no se pierde. El miembro perdido de Osiris: tal es el objeto de la búsqueda y custodia de la mujer.” “[…] El mito fundamental de la dialéctica sexual entre el hombre y la mujer está acentuado aquí en grado suficiente por toda una tradición, y también lo que la experiencia “psicológica” en el sentido que tiene la palabra en los escritos de Paul Bourget, de la mujer, no nos dice que una mujer siempre piensa que un hombre se pierde, que se extravía con otra mujer. Don Juan le asegura que hay un hombre que no se pierde en ningún caso.”[1] “[…] El goce de la mujer está en ella misma y no se junta con el Otro. Si así recuerdo la función central, llámenla obstáculo, pero no es obstáculo, es lugar de angustia, de la caducidad del órgano en tanto que ella encuentra de manera diferente de cada lado lo que podemos llamar la insaciabilidad del deseo es porque sólo a través de esta evocación vemos la necesidad de las simbolizaciones que a ese propósito se manifiestan vertiente histérica o vertiente obsesiva.”[2]

Estas citas dan cuenta de lo J.Lacan lo da en llamar fuera del sexo. Toma por referencia el alma aristotélica, aquella que vincula la problemática del amor y las afecciones del cuerpo. Aristóteles es quien se ocupa de las pasiones o emociones, en el Libro I de su tratado Del alma. Hace un desarrollo que abarca el cuestionamiento en torno de si hay algún acto o afección del alma que sea exclusivo de ella. Sus apreciaciones se distinguen de las teorías más aceptadas en su tiempo, aquellas que proponían dos definiciones contrarias acerca de las emociones; para una, la de los físicos, las pasiones eran fenómenos corporales, en tanto que, para la otra, la de los dialécticos, eran fenómenos dianoéticos o “mentales”. Ambas concepciones le parecieron inadecuadas porque dan cuenta, de una manera parcial de las emociones ya que la primera considera solamente el principio material de las afecciones, en tanto que la segunda atiende sólo a su principio formal.

Por su parte Lacan, en el seminario 20, hace referencia en el mismo sentido al relacionar el alma con el amor en estos términos: “El alma es un efecto de amor,mientras el alma alme al alma, el sexo aquí no cuenta. Se puede, entonces, cuestionar la existencia del alma, y sería el término propio para preguntarse si no será un efecto de amor. En efecto, mientras el alma alme al alma, no hay sexo en el asunto. El sexo aquí no cuenta. La elaboración de la que resulta es homosexual, como puede leerse claramente en la historia. Remite al hombre.”[3]

Nombra de este modo una ética de fuera del sexo que en el caso particular de la histérica señala que ésta hace de hombre, por tanto, también es homosexual o fuera de sexo.
Asimismo, cuando desarrolla la fórmula de la sexuación en el hombre y la mujer, toma nuevamente este concepto y toma a La (tachada) mujer en referencia al goce femenino excluido de lo simbólico.

Da cuenta con este planteo la incapacidad de lo simbólico para representar el goce femenino y es esa imposibilidad, basada en la falla de lo simbólico, la que marca inevitablemente una segregación radical originaria de la estructura, poniendo de este modo en cuestionamiento su existencia.

Sabemos la pregunta del sujeto acerca del deseo del Otro es lo que lleva al sujeto a defenderse con su neurosis. El Otro para él, existe, y con su mandato de muerte lo hace padecer, lo hace gozar. Ese primer Otro es la palabra materna que subsume al hijo como falo, matando por decirlo así, la emergencia de su deseo, de su existencia como sujeto. Marco con ello un destino estructural inevitable en el devenir del sujeto, el de ser tomado como objeto de sus padres, comprometiéndolo de este modo como sujeto.

Los avatares de la relación amorosa llevan la impronta del goce perdido, de la falta original que Freud describe también en la figura del asesinato del padre, del crimen primordial que marca al sujeto en su falta y por efecto imprime en él la culpa de un goce imposible de ser elaborado, pero que sin embarco busca afanosamente.  La deuda simbólica que le viene del Otro, de su ser para la muerte, el ser que esta inscripto en su historia generacional. 

Lo imposible de la relación sexual, dirá Lacan, lo fuera de sexo que lleva la impronta del goce femenino y que Lacan escribe con la fórmula A(tachada). Este goce no se inscribe, se realiza en el consumo, es lo que se llama la perversión generalizada, en este caso lo que se realiza es el ser del goce, no del sujeto.

El goce que se inscribe, aquel que queda en tanto resto de la operación subjetiva, deja al sujeto por fuera del goce pleno, en virtud que ya esta modificado por el corte significante.
En una carta de almor, Lacan hace referencia al maravilloso cuento de Maupassant donde el protagonista utiliza el término de Horla para nombrar a un ser extraño, que forma parte de lo cotidiano, pues lo sitúa en la escena diaria más íntima del personaje, ya que el cuento está escrito en forma de diario.

Podríamos decir, siguiendo a Freud que es el nombre de lo siniestro. Lacan especula con ello y dice: El fuera de sexo, Fuera de acá, para Maupassant, se trata de aquello íntimo y a la vez extraño diciendo: “sobre ese hombre especuló el alma”.[4]

Lo amenazante, para el personaje en cuestión pareciera ser el deseo de ese ser extraño, su deseo de devoración. Hablamos de la angustia frente a ese desconocimiento radical que es el deseo del Otro ¿qué soy para el otro?, qué objeto he sido para ti. Si ya no soy ese objeto de tu deseo, entonces, ¿qué soy?

Un pasaje de El horda:
2 de julio: “—¿Acaso vemos—me respondió—la cienmilésima parte de lo que existe? Observe por ejemplo el viento, que es la fuerza más poderosa de la naturaleza; el viento, que derriba hombres y edificios, que arranca de cuajo los árboles y levanta montañas de agua en el mar, que destruye los acantilados y que arroja contra ellos a las grandes naves, el viento que mata, silba, gime y ruge, ¿acaso lo ha visto alguna vez? ¿Acaso lo puede ver? Y sin embargo existe.”[…] 4 de julio: “Ah! ¿Quién podrá comprender mi abominable angustia? ¿Quién podrá comprender la emoción de un hombre mentalmente sano, perfectamente despierto y en uso de razón al contemplar espantado una botella que se ha vaciado mientras dormía? Y así permanecí hasta el amanecer sin atreverme a volver a la cama.”

Indicamos cómo, desde el acontecer literario, podemos ejemplificar un buen ejemplo del fuera de sexo, al que nos referimos anteriormente, lo que implica decir que el cuerpo llegar a ser extraño al yo, al sujeto, e incluso al hablanteser. Joyce es el otro caso que lo muestra. Más que una experiencia que confronta al sujeto con un vacío, una nada o una falta, la angustia viene esencialmente a dar testimonio de una presencia, la sensación de “algo” excesivo. 

Lo éxtimo es el lugar donde se aguarda, donde se cree reconocer lo más íntimo. Hay, entonces, dos vertientes de lo éxtimo. Una es la del significante, la del lenguaje que es éxtimo al sujeto porque se ubica en el lugar del Otro, razón por la cual el discurso del sujeto es el discurso del Otro. Y otra, la del objeto causa de deseo y angustia. La extimidad va a ser el lugar de la causa para el que habla y el de la angustia como índice de lo real del goce.

Lacan va a desarrollar el tema del goce del Otro como fantasma neurótico, uno de los fantasmas neuróticos más lamentables, más graves para las sociedades: buena parte del racismo, de las guerras, de las luchas o encontronazos sociales tiene que ver con esa ilusión neurótica de que, mientras uno no goza, el otro sí goza. Acá encontramos el germen de la segregación y la violencia del racismo. La angustia está en relación con el agujero de la extimidad, el agujero de la causa introducido por la lengua en el viviente. Ese agujero del que nada se puede decir da cuenta del modo de satisfacción pulsional que agita al cuerpo de cada ser parlante. Y esto es lo que al final de su enseñanza, Lacan denominará con el término sinthome. Agregando que el analista, en su práctica, ocupa por estructura el lugar del sinthome o de lo éxtimo para el que habla. Y así, siempre se ama o se odia en el otro algo que tiene que ver con lo éxtimo. De lo contrario, no hay amor ni odio.

Freud en Los dos destinos de las pulsiones, y también en Análisis terminable e interminable, cuando piensa en el fin de análisis, postula que las pulsiones en análisis pueden modificar su determinismo en aras de liberar su destino al promover nuevos caminos en virtud de procesar la falta, la castración simbólica freudiana.

Es el caso que, como dice Colette Soler, del inconsciente que no hace destino o, caso contrario, de aquel que marca el destino al fijar nuevas represiones que indicarán su cometido fatal en tanto la repetición dominara su camino. Tal destino dependerá de la fijación a los significantes del Otro, transmitidos generacionalmente. El Otro, en tanto trans - generacional, transmitido por el deseo del Otro, el automaton, ese movimiento pulsional que gobierna singularmente a cada sujeto.

Ahora bien, que esta indicando el fuera de sexo, el automaton, tal como mencione antes, en relación al planteo elaborativo que, tanto Freud como Lacan, no dejan de insistir cuando piensan en el destino del sujeto, o, en términos estructurales, el destino del inconsciente reprimido. 



Dra. Elsa Labos. 
Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires.  





[1] Lacan, Jacques, seminario 10, La angustia, clase 16 del 27 de marzo de 1963
[2] Ibid, seminario 10, clase 23 del 19 de junio de 1923
[3] Lacan, Jacques, seminario 20,pag 102
[4]Ibid, p.103
Maupassant, Guy, El horda, Horda es el nombre de un globo aerostatico, en el cual Guy de Mauppassant realizo una ascensión en el verano de 1888. Lacan, en la clase del 23 de enero de 1963 de su seminario “la angustia” juega con la homofonía entre Horla y Hors la (fuera de allá).        

 







CONTRIBUCIONES



"Por la vida"
Virginia Torre



CONTRIBUCIONES

Acortando caminos
Lic. Susana Merlo



Creo que la invitación de este Simposio a trabajar “Lo Femenino” llegó en un momento particular ya que estamos habitando un tiempo especialmente sensible a este tema, entre otros.  Me refiero, por ejemplo, a la defensa en algunos sectores a la tendencia a identidades en las que la diferencia entre los sexos se diluye. Tal vez por ello, pensé en la clínica con algunos niños. Últimamente, me llama la atención la llegada al consultorio de niñas pequeñas frente a quienes, durante las sesiones, necesito recordar su edad. Hablan, visten y se presentan como mujeres adultas: algunas llegan con los ojos y labios pintados vistiendo los mismos modelos de ropa que su madre, pero en tamaño mini. También sus gestos, palabras y frases suenan ajenos, extraños proviniendo de estas emisoras. Ya no parece un juego en el que “hago de cuenta que soy mi mamá” mientras soy una nena. No hay camino a recorrer para “Cuando sea grande quiero ser como mi mamá”, sino que parecen creer que ya son como mamá, borrando toda diferencia posible.

Estas niñas, suelen ser traídas a la consulta por dificultades para integrarse a sus pares, intensas irrupciones de angustia frente a frustraciones, entre otros motivos. Tal fue el caso de A de seis años quien, en la primera hora de juego, se presentó diciendo: “en la escuela me enojo con mis compañeras porque yo quiero explicarles lo que no les sale y no me dejan”. Luego, mirando los juguetes: “con muñecas yo no juego…eso es de nenitas”. Tratando de recuperarme de la perplejidad que me causó esta situación, pensé en un aspecto del mensaje social actual que nos atraviesa a todos: En propagandas televisivas los niños suelen aparecer jugando roles paternos en los que regañan a los adultos (como en la de un jabón en polvo), campañas gráficas de ropa para niñas en las que la única diferencia con las que se hacen para adultas consiste en el tamaño de las prendas. El tiempo parece no ser un impedimento ya que la adolescencia se prolonga y se puede evitar la vejez aparente. Parece que diluir o borrar diferencias fuera un rasgo de este tiempo.

Este breve análisis social no me alcanza para acercarme al mundo interno de estas niñas y pienso en el concepto de pseudomadurez de Donald Meltzer. Describe estas características y otras de niños que intentan eludir el Complejo de Edipo gracias a la identificación proyectiva con sus objetos internos o externos.  Así, logran equiparse superficialmente para continuar hasta la adultez.  Pensando en A, me pregunto si identificándose con su mamá, logra evitar la intolerable frustración de ser “nenita” y, además, la envidia a la mamá de la que nos habla Melanie Klein.

Para terminar, creo que probablemente esta “falsa adaptación” como la llama el autor citado, sea una respuesta posible a esta sociedad que propone modelos crueles cuando, además, los niños ocupan lugares vacantes de adultos que se han infantilizado.




Lic. Susana Merlo.
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires.


CONTRIBUCIONES



Lo Femenino, Simposio APdeBA
Dra. Virginia Ungar


El hecho de ser la primera mujer de ocupar la presidencia de la API me llevó naturalmente a elegir como título del próximo Congreso de la API en Londres en julio del año próximo  “Lo femenino”, que puede albergar de una manera más inclusiva los alcances, los límites, el territorio y el estado actual del tema.

Definir Lo Femenino en Psicoanálisis no puede dejar de tomar en cuenta las ideas freudianas, tan discutidas, acerca de la mujer: no sólo el falocentrismo sino también la no-representabilidad de los genitales femeninos o dicho de otra manera que lo que sí  puede representarse es la ausencia, la  carencia. Melanie Klein siguió otro camino con su propuesta del complejo de Edipo temprano, la de noción inconsciente de vagina en la niña: una apuesta fuerte acerca de la relación con el interior del cuerpo de la madre y la un superyó femenino temprano bastante feroz. Para terminar esta breve referencia a las posturas ya clásicas del Psicoanálisis no podemos dejar de citar al tan mentado aforismo de Lacan “la mujer no existe”. Sin entrar a discutirlo, nos hace ver la dificultad de pensar lo femenino como un universal y la necesidad de situarlo en lo singular de cada mujer.

Por supuesto hay muchas contribuciones muy importantes en nuestro campo que han dado las bases  para posteriores  estudios sobre la femineidad así como también para los estudios de género que surgieron años después.

Si salimos del campo estrictamente psicoanalítico pareciera también difícil no ubicar a lo femenino como oposición en un binarismo que ya cuestiona con enorme lucidez Simone de Beauvoir  en 1949 en el prólogo de  “El segundo sexo” (de Beauvoir, S. 1949) . Esta polarización puede tomar diversas formas para ubicar a lo femenino en contraposición con el universal masculino.

En relación a lo Femenino también puede haber un deslizamiento fácil hacia la función materna, lo que anida, lo cóncavo, lo receptivo. Estas funciones de “lo femenino” terminan resultando no excluyentes cuando las pensamos como categorías más amplias no dicotómicas presentes más allá de la mujer en sí. Se refuerza así la idea de que lo femenino se despliega en múltiples escenarios y puede reapropiarse incluso desde la alteridad y pensarse como presente más allá de las mujeres en la singularidad de cada cual.

Lo femenino no se puede definir desde una sola perspectiva, ni como una oposición  a un universal, es puro despliegue de singularidades. Por otra parte, no puede dejar de pensarse en relación al contexto histórico-social de cada época. Ahora, en el siglo XXI tenemos que situarnos necesariamente además en relación al contexto.

En este sentido y para concluir, quisiera mencionar dos lugares de reapropiación del espacio de disidencia, dos escenarios enormes en el  campo social donde las individualidades disgregadas se vuelven a unificar desde las particularidades y tratan de repensar la condición de la mujer en nuestra cultura: la convocatoria cada vez más masiva en contra de la violencia de género con el NI una menos y   los debates en el Congreso y  en el Senado en relación a la despenalización del aborto. Estos dos son también escenarios de Lo Femenino.

Referencias
De Beauvoir, S. (1949) El segundo sexo, DeBolsillo Contemporánea, Penguin Random House, Buenos Aires, 2017


Dra. Virginia Ungar. 
Médica Psicoanalista. Miembro Titular con función didáctica de APdeBA. Presidente de la API. 



CONTRIBUCIONES


LO FEMENINO: POTENCIAS DE DESCLASIFICACIÓN
Dr. Pablo Farneda


Escribir… ¿sobre lo femenino? ¿escribir desde lo femenino? Las escrituras sobre no pueden evitar a veces convertirse en escrituras que se posan sobre los cuerpos, en escrituras que sobre-codifican lo que nombran.

¿Puede un varón escribir sobre lo femenino? No dudamos de que se puede y se ha hecho, históricamente, como modo de posar sobre los cuerpos los discursos, los nombres, las verdades. Como un modo más de sobrecodificar, y de conquistar un territorio.

Escribir desde lo femenino… ¿puede un varón escribir desde lo femenino? No dudo tampoco de que sea posible: lo femenino puede ser una fuerza desde donde escribir y escribirse.

La escritura feminista (que no femenina, aunque muchas veces coincidan) ha reivindicado históricamente la utilización de la primera persona del singular en la escritura, como estrategia política y epistémica: enseñándole a los discursos dominantes que la escritura sólo puede ser situada, corporal, histórica y geográficamente. De la pretendida universalidad de las epistemes que hablan “sobre”, a la torsión escritural que pone en juego la singularidad de un cuerpo, esa ha sido y es una operación de deconstrucción en los discursos y saberes actuales que las epistemologías y teorías feministas han puesto en marcha.

Por eso la escritura feminista ha sido para mí una apuesta, una pregunta por las potencias de desclasificación en la escritura. ¿Qué estrategias somos capaces de poner en marcha para escribirnos otros cuerpos? ¿Qué fuerzas se desatan en las escrituras y cómo son moduladas? ¿De qué maneras la escritura puede amansar, domesticar esas fuerzas y cuáles son las líneas de fuga a esas domesticaciones? ¿Cuales son los vectores de fuerzas salvajes que nos sacan del territorio conocido de la feminidad y la masculinidad normalizada, enferma, neurotizada y agotada?

Me interesa por eso pensar lo femenino como potencia de desclasificación: como vector de fuerza capaz de desbaratar la normalidad que cristaliza y sedimenta en los cuerpos afectados por el binarismo constitutivo de los géneros. Éste no es otra cosa que una actualización más de los binarismos constitutivos de nuestra Episteme Colonial. Binarismo que traza una distinción en donde toda tercera posición queda excluida, imposibilitada de ser concebida, y en donde los términos de los binarismos se presentan siempre en una relación de jerarquías: Hombre/mujer, Blanco/negro, Hetero/homo, Humano/animal, Cultura/naturaleza, y podríamos seguir extensamente.

¿En qué sentido lo femenino acumula y despliega una potencia de desclasificación? Deleuze y Guattari han utilizado lo que llaman en Mil Mesetas (1980) el devenir-mujer que no es y no coincide con el ser mujer. El devenir-mujer implica la interrupción por el medio de la constitución antropo-falo-logocéntrica de cualquier cuerpo/subjetividad, que queda trastrocada cuando una fuerza en devenir la arrastra, por el medio, hacia territorios desconocidos o inexplorados. El devenir mujer no es ser mujer, ni imitarla, sino más bien alcanzar una zona de intensidad en la que, por momentos y en ciertas situaciones deje de importar lo que somos porque lo somos no coincide con lo que podemos. Suspender la identidad y la diferencia, para entrar en procesos de variación que nos permitan explorar otras potencias, otras estrategias, otras alianzas. Devenir-mujer, para Deleuze y Guattari, se encuentra directamente relacionado a nuestra capacidad para devenir revolucionarixs. Y como en los devenires no hay garantías, nada garantiza que los varones y las mujeres que somos encuentren su vector de devenir, su potencia para desclasificarse, su capacidad para crear una vida singular, aunque toda lo lógica del discurso mercadotécnico apunte a incorporar la “diferencia” como plusvalor de los objetos y las identidades de consumo.

Muchas lecturas feministas han puesto en crítica y en tela de juicio ciertas reapropiaciones idealizadas que Deleuze y Guattari operarían con su famoso concepto de devenir-mujer. Sin embargo, considero que la noción porta una singularidad política aún hoy radical, y que tal vez, más que ontológica y conceptual, es una radicalidad histórica: la posibilidad de que lo femenino irrumpa como potencia de desclasificación, se diversifique en los modos de devenir mujeres de muchas mujeres, en los modos de encarnar masculinidades no hegemónicas de muchos varones, cis, trans, afeminados, maricas, putos (omito aquí estratégicamente las correctas palabras de homosexual y gay, que repetidas veces cargan con una misoginia inscripta en los propios términos por las historia del androcentrismo, y que hace desaparecer cualquier rastro de femineidad de la experiencia de ser varones corridos de la norma hegemónica masculinista y androcéntrica).

El devenir-mujer como potencia desclasificación arrastra lo femenino y lo masculino en un devenir-más-allá: exactamente lo que el término trans significa: un devenir más allá del género como dispositivo de clasificación y normalización. Devenir más allá de las identidades postuladas como categorías ontológicas fijas. Devenir más allá de lo humano: por eso tal vez Deleuze y Guattari llaman a su meseta sobre los devenires: devenir-animal, devenir-imperceptible…

Lo femenino como fuerza, lo femenino como estrategia para desatar devenires…

Escribir… tal vez se trate siempre, para mí, de producir el paisaje en donde quepan muchos mundos, y muchos, muchos otros cuerpos.



Pablo Farneda 
Doctor en Teoría e Historia de las Artes. Docente de la Lic. en Comunicación Social (UBA), de la Lic. en Artes de la Escritura (UNA), de la LIc. en Artes Multimediales (Universidad Maimónides), del Seminario Procesos de Subjetivación de la Maestría en Psicología Vincular (Instituto Universitario del Hospital Italiano) y del Seminario Dislocaciones del Género en la misma Maestría. Becario Posdoctoral de CONICET. Contacto: pablofarneda@hotmail.com